Mi nombre es Leina, soy la última de la larga generación de los legendarios Amabuntxi. Durante eones hemos sido los más valientes y famosos guerreros de cada palmo de tierra que alguien haya visto, allá donde alguien fuese habian oido hablar de nuestra familia. Eramos guerreros que protegían a cualquiera que necesitase ayuda, pero no solo eso, teniamos prosperas tierras que nos daban de comer, vendiamos lo sobrante y ganabamos tres veces lo que una familia normal al año, poseiamos riquezas y todo ello porque eramos honestos y actuabamos con inteligencia y pericia, pero siempre desde el corazón. Tenían hijos numerosos, fuertes e ingeniosos, así mismo hijas preciosas,inteligentes y de corazón bondadoso.

El problema vino cuando una familia envidiosa, los Pserpentus, nadie sabe de donde salió esta familia, sin embargo pronto se dieron a conocer, maldiciones, hechizos, magia negra...eran totalmente opuestos a os Amabuntxi por tanto les tenian un odio incomprendido.

Los Pserpentus comerciaban también..pero sus ofertas eran mucho más altas por tanto todos compraban a los Amabuntxi, así la mujer del líder Pserpentus una noche de invierno se presentó ante los Amabuntxi, estos abrieron sus puertas con recelo, la dieron de comer y ella se lo pagó con una maldición: Los Amabuntxi no tendrían descendencia hasta tal punto que desaparecerían poco a poco.

Varios siglos después y tras muchos rezos la mujer del líder Amabuntxi quedó embarazada. Tal y como maldijo la Pserpentus cada vez se producian menos embarazos y más difíciles. Nació una preciosa niña de cabellos del color del trigo tostado y ojos color arcilla. Su madre mirió tres días después de dar a luz.

Aquella noche nací yo, Leina. Ahora las tierras Amabuntxi son muy distintas..Solo estoy yo, al cargo de fieles criados, también está mi tía la cual en su momento fue bella y diligente pero ahora..era una mujer de pelo blanco y sin apenas fuerzas. Nuestra gloria pasada hacía palidecer nuestra escasa fama actual. Los Pserpentus también se habían casi extinguido pero en su caso fue por las numerosas guerras entre familias, ahora solo quedaban 5 hermanos. La líder era la hermana mayor, cruel, malebola..

Esta hermana, Yin, se dedicaba a esclavizar monstruos y otros despojos sociales que las gentes marginaban, yo como siempre paseaba entre nuestras colinas,un día la vi.

Ahí estaba, trayendo esclavos por los railes, estos eran distintos, eran guerreros feroces que ponían la piel de gallina, entonces dirigí mi mirada al primer vagón, un niño, un niño de 5 años estaba ahí, llorando. No lo dudé, cogi el vagón y eché a correr. Mi castillo estaba cerca y nos atraparían asi que decidí ir a casa de mi fiel amigo Guy, un herrero de 48 años a quien yo le confiaba mi vida. Nos escondimos ahí hasta que Yin y sus gentes pasaron.

Sabía que si escondia al niño en mis tierras le encontrarían, al igual que sabía que Yin buscaría en mis tierras. Desde la cabaña de Guy preparamos el viaje, iriamos el niño y yo a la gran ciudad, allí yo sería una desconocida, Guy tenía allí familia, su hijo y su hija tenían allí una tienda, el plan era guarecernos allí.

Llegamos a la tienda, Anne, la hija de Guy era la amabilidad en persona, su hermano Claus era un muchacho dos años menor que yo y con una lengua un tanto suelta...A pesar de ello parece que quedó fascinado con mi presencia, al ser más joven que su hermana jamás había visto a alguien como yo, las ropas, las pieles, en la ciudad usaban ropas más modernas.

Tuve que ponerme sus ropas, al salir de la tienda al anochecer decidí ir a dar un paseo, Anne le tenía mucho cariño al pequeño y decidió cuidarle ella.De repene ví algo que me embelesó, parecía un hostal o una taberna, pronto supe que aquí los llaman hotel y restaurante respectivamente. Entré..no podía ser, era como en mis sueños, luces brillantes, colores oro y rojizo. Un hombre salió a atenderme, era refinado, debía ser el mayordomo, me vistió con ropas lujosas, fue divertido, debían de confundirme con otra persona, intenté sacarles del error pero entonces me dijeron algo raro respecto al visitante número no se que y a un premio. Que raros esta gente de ciudad.

La luz del sol llegó a mis ojos, desperté somnolienta. Vaya...de nuevo solo había sido un sueño.